domingo, 15 de marzo de 2009

La insoportable levedad del ser I

Fotografía: Natasha Gudermane. París

Son de cuero, perladas casi blancas, cubiertas por una especie de membrana transparente que protege el muy económico material con el cual fueron elaboradas. Las zonas que resguardan los dedos son Punta Roma y tangiblemente mucho más rígidas que las que corresponden a los talones. Quizás hayan sido confeccionadas con redondeadas y muy finas láminas de metal, como cascos protectores de muy factibles tropiezos al andar. La suela, al ser tan delgada, no es obstáculo sino puente para la honda sensibilidad de las plantas de los pies al contacto con la tierra firme y sus relieves. Se ajustan a mi pie bordeándolos con una liga en forma irregular y maleable. Aunque diferentes, me recuerdan aquellas zapatillas de niña, negras de ballet clásico que obligatoriamente debía usar mientras un salón de mil espejos torturaba mis oídos con música excesivamente meliflua y una convulsiva profesora exigía, a punta de regletazos en mis nalgas, una mejor postura al ejercer los movimientos de mis piernas semi equilibradas gracias a mi mano situada en el sostén de la barra lateral. Nunca llegué a usar las Puntas de Ballet de yeso, porque, aunque no recuerdo cómo sucedió el milagro, no seguí avanzando en los niveles de aptitud para ese tipo de estilización corporal escénica. Creo que justo después fue que me apasioné con el teatro infantil, La Cucarachita Martinez y El mago de Oz.

 Las zapatillas de ahora también son blandas, como las de las tablas y como esas que iban sobre mis medias panty rosadas  y mi malla negra que casi siempre olía a madera viva. Aunque ya están un poco deshilachadas y la superficie brillante un tanto rayada y más opaca que al estrenarlas, lo que en realidad me incomoda es que me están quedando un poco apretadas. Por ellas, mis zapatillas fantásticas actuales, es que tengo el presentimiento de que mi tiempo en este blog –este central y sus otros tres rizomas-  podría finalizar pronto. Ellas deben ser reemplazadas por otras. O renovadas.


Este fin de semana, involuntariamente, vi La insoportable levedad del ser, adaptación cinematográfica dirigida por Philip Kaufman y escrita por Jean Claude Carriere y el mismo director. Como no soy, ni pretendo, ni pretenderé nunca ser Crítica de Arte, me atrevo a emitir un juicio de valor tan egoísta, poco pensado e injusto, como que la película me pareció muy mala; y además, que lo único salvable es la fotografía del siempre excelente Sven Nykvist. Es que  Kundera me había inundado con sus vaivenes temporales e historias, porque eran muchísimas. También, que no es pertinente pero para mí importante por eso de ser cursi, me hizo llorar mucho en el último capítulo sobre Karenin. 

Cada historia, de toda la novela, era un golpe bajo en el estómago, o pellizco metafísico en el antebrazo. En cambio, la película se reduce a una floja recopilación de anécdotas visuales en sucesión lineal, cual fotosecuencia.

En aquel tiempo, me había identificado muchísimo con Teresa, claro la del libro, que era una tonta normal, aniñada y consentida pero con una vida mental, emocional y expresiva muy compleja, con un mundo interior extraordinario, sin embargo, la de la película es otra; otra con una interpretación que parece padecer gravemente de deficiencia cerebral (con el perdón de Juliette Binoche). También había sentido mucha afinidad con algunas características de la independiente y soberbia Sabina, pero en la película parece más una feminista histérica. Con ciertas búsquedas y utopías de Tomás también me había familiarizado bastante, pero el de la película se percibe más como un galán inglés de porno. Y  hasta había sentido inclinación hacia algunas de las opiniones de Franz, pero qué va. El único personaje que cumplió mis expectativas  fue Mefisto, (el cerdito rosado).

Parte de los subjetivos y diferentísimos análisis de las historias de la vida. Supongo que es algo irremediable.

Así que de casualidad, tenía un empolvado ejemplar cerca y algunos significativos párrafos, como éste, me hallaron en el recuerdo:

 

   Él tenía doce años cuando el padre de Franz la abandonó repentinamente. El niño supuso que estaba ocurriendo algo grave, pero la mamá veló el drama con palabras neutrales y suaves para no excitarlo. Ese día fueron a la ciudad y al salir de la casa Franz se dio cuenta de que la madre llevaba en cada pie un zapato distinto. Se sentía confuso, tenía ganas de advertírselo, pero al mismo tiempo le daba miedo que una advertencia de ese tipo pudiera herirla. Así que pasó dos horas en la ciudad sin poder apartar los ojos de sus zapatos. Aquella vez empezó a entender qué era el sufrimiento.

(Fragmento de La insoportable levedad del ser, TusQuets editores, 1988. p96).

martes, 10 de marzo de 2009

miércoles, 4 de marzo de 2009

Camello declarado indeseable (Cortázar)

Imagen: Terri Weifenbach. E.U.


Aceptan todas las solicitudes de paso de frontera pero Guk, camello, inesperadamente declarado indeseable. Acude Guk a la central de policía donde le dicen nada que hacer, vuélvete al oasis, declarado indeseable inútil tramitar solicitud. Tristeza de Guk, retorno a las tierras de infancia. Y los camellos de familia, y los amigos, rodeándolo y qué te pasa, y no es posible, por qué precisamente tú. Entonces una delegación al Ministerio de Tránsito a apelar por Guk, con escándalo de funcionarios de carrera: esto no se ha visto jamás, ustedes vuelven inmediatamente al oasis, se hará un sumario.

Guk en el oasis come pasto un día, pasto otro día. Todos los camellos han pasado la frontera, Guk sigue esperando. Así se van el verano, el otoño. Luego Guk de vuelta a la ciudad, parado en una plaza vacía. Muy fotografiado por turistas, contestando reportajes. Vago prestigio de Guk en la plaza. Aprovechando busca salir, en la puerta todo cambia: declarado indeseable. Guk baja la cabeza, busca los ralos pastitos de la plaza. Un día lo llaman por el altavoz y entra feliz en la central. Allí es declarado indeseable. Guk vuelve al oasis y se acuesta. Come un poco de pasto, y después apoya el hocico en la arena. Va cerrando los ojos mientras se pone el sol. De su nariz brota una burbuja que dura un segundo más que él.


domingo, 1 de marzo de 2009

Postmodernidad. Ryszard Kapuscinski


Fotograma de la película documental Baraka, de Ron Fricke


“Hoy, para entender hacia dónde vamos (…), no hace falta fijarse en la política, sino en el arte. Siempre ha sido el arte el que, con gran anticipación y claridad, ha indicado qué rumbo estaba tomando el mundo y las grandes transformaciones que se preparaban. Es más útil entrar a un museo que hablar con cien políticos profesionales. Hoy en día, como el arte nos revela, la historia se está posmodernizando. Si le aplicáramos a ella las categorías interpretativas que hemos elaborado para el arte, quizá lograríamos desentrañarla mejor y tendríamos instrumentos de análisis menos obsoletos que los que, generalmente, nos empeñamos en utilizar. Caídas las grandes ideologías unificadoras y, a su manera, totalitarias, y en crisis todos los sistemas de valores y de referencia apropiados para aplicar universalmente, nos queda, en efecto, la diversidad, la convivencia de opuestos, la contigüidad de lo incompatible. Puede derivarse de todo ello una conflictividad abierta y sanguinaria, arcaica, el enfrentamiento difuso, el renacimiento de los localismos y de los más feroces tribalismos, pero también podría surgir un lento aprendizaje de la aceptación de lo distinto a uno mismo, de la renuncia a un centro, a una representación única. Como el arte posmoderno nos enseña, quizá podríamos darnos cuenta de que hay espacio para todos y que nadie tiene más derecho de ciudadanía que los demás.”

Ryszard Kapuscinski ( Bielorrusia/Polonia, 1932-2007.) en Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo. Editorial Anagrama 2002. pp.13-14.



miércoles, 25 de febrero de 2009

Historias del Continente Oscuro II- Ana Teresa Torres

Foto por: Cristian Crisbasan. Rumania

"La mujer, ciertamente, también puede ser cínica pero su alma secreta se expresa mejor en el camuflaje. De ese modo la imago de la bruja ha ocupado una buena parte de su paquete vacío porque el imaginario masculino la construye desde la falsedad, la malignidad, la perfidia; las artes secretas tanto más poderosas cuanto invisibles. Y, sin embargo, ha sido un recurso inevitable porque es una estrategia de supervivencia. No quiero subrayar una posición victimista de la mujer sino recordar que los grupos subalternos con frecuencia utilizan medios sesgados para llegar a sus fines. Y las mujeres han aceptado este carácter 'sutil y vacilante' para avanzar en su lucha expresiva allí donde las líneas frontales hubiesen sido decepcionantes." 

 

(Ana Teresa Torres. Venezuela. Del ensayo "El imaginario masculino en cuatro enigmas (...)" de Historias del Continente  Oscuro. Editorial Alfa, 2007. p.266).

viernes, 13 de febrero de 2009

Historias del Continente Oscuro- Ana Teresa Torres

Fotografía por: Nan Goldin (Nueva York). "Joana Preiss en París".


"Freud sobre la pregunta ¿qué quiere una mujer? es arbitrario en su universalización de la idea de 'mujer'. No estaba preguntando <<¿qué quiere esta mujer?>>, ni preguntando <<¿han sido así siempre las mujeres? Si no, ¿cómo o por qué han cambiado y cuáles son las consecuencias?>>. Freud presenta a las mujeres como entidades fijas e intercambiables, miembros de la especie 'mujer ', cuyos miembros están predestinados a querer siempre lo mismo, y a quererlo de un modo lo suficientemente consistente como para ser clasificadas de inmediato".  

(Roy Schafer. 1994. "On Gendered Discourse and Discourse of Gender", en Psychoanalysis, Feminism, and the future of Gender.)


"A la hora de establecer pautas o conceptos para construir el sujeto femenino, rescato el valor del silencio, el respeto por el vaciamiento de la mitología femenina. En la literatura psicoanalítica contemporánea encontramos con frecuencia ideas en las que se observa revisiones del concepto de género que se distancian de los planteamientos clásicos, pero no existe aún un cuerpo de ideas que proponga una nueva psicología psicoanalítica de la mujer, aunque hay estudios de gran significación. Por el momento, sin saber si ese compacto de ideas sobre la mujer llegará a construirse, y sin la certeza de que esa nueva teorización no se convierta, a su vez, en mitología de la representación, prefiero partir de la idea de que la mujer es un sujeto que ha atravesado las determinaciones de su género, pero también de su contexto cultural, de su historia, de su familia, de su vida, del azar de toda la existencia. En análisis, puede ser escuchada a partir de que tiene voz, voz autorizada para decir qué le sucede; ser comprendida desde el vacío de no predecirla desde los estereotipos que dicen cómo es y cómo debe ser. Esperar a que ella diga cómo es ser mujer, cómo ha llegado a serlo, qué tropiezos y ventajas ha encontrado, qué sufrimientos y qué alegrías le ha proporcionado su condición, ése es el único camino que se me ocurre."

(Ana Teresa Torres (Venezuela), del ensayo "Mínimas reconstrucciones" de Historias del Continente Oscuro. 2007. p.274)

lunes, 9 de febrero de 2009

Smoke (Wayne Wang y Paul Auster)

Smoke es una película dirigida por Wayne Wang, basada en El cuento de Navidad de Auggie Wren escrito por Paul Auster.

Otro día quizás comente algo del cuento y el filme. Por ahora sólo muestro una escena que me gustó mucho. Un diálogo sobre una afición. Sobre una de tantas esquinas. Sobre el tiempo. Sobre la fotografía.

Sobre la vida




¿perfecto? - Jaime Fraile

jueves, 29 de enero de 2009

Paranoia

Este espacio no es negro porque negra quiere estar el alma. El negro, lo tomo sólo como un color para el fondo de la pantalla, o un no-color que me permite avivar las demás gamas que caen acá por selección o azar.  Es por eso que, aunque a veces me provoque cambiar un poco la imagen de este blog (y ¿por qué no? moverme acorde con los diferentes tonos de ciertos vaivenes espirituales), prefiero siempre dejarlo intacto en la negrura misma. Entonces podría decirse que el negro es un medio y no un fin.

 

Esta breve introducción de sala oscura, es para presentar algo de cine.

 

Borges decía algo así como que prefería escribir cuentos porque en las novelas se sentía en una reunión de mucha gente y eso, él no podía soportarlo, quizás por su timidez, o la profundidad que prefería otorgarle a uno o pocos personajes en menores extensiones, basarse únicamente en un hecho central, imagino que entre otras muchas razones.

Bueno, multitud similar creo que ocurre con la cinematografía venezolana. El largometraje de ficción por sí mismo es un género que está comprometido con muchas personas simultáneamente, desde su pre-producción, pasando por su post producción, hasta su promoción y venta. Son grandes adeudos inevitables (en países como el nuestro donde apenas surge con fuerza la producción estándar de cine y aún, quizá, hay prejuicios con el cine digital) que se deben tomar en cuenta desde la elaboración de un guión. Es por eso que en la realización de un largometraje,  únicamente no se suele pensar en 'arte' y/o 'cultura' (independientemente de lo que esos términos indefinidos signifiquen para cada quien), también es inapelable pensar en el aspecto económico.


Entonces, ese hecho añadido al estigma que ha dejado el prototipo de realismo social de los 60 y 70 con Chalbaud, es que tal vez a muchos no nos encante la idea de consumir filmografía nacional (me refiero a los largos de ficción y me disculpo por mi subjetiva arbitrariedad e injusta generalización, porque sé que hay películas que salen de ese patrón). Esto quizás viene cambiando poco a poco en estos tiempos, y no soy yo quien deba disertar sobre la actualidad en el ámbito pues, aparte de otras cosas, reconozco que no he visto buena parte de las últimas producciones que al parecer han tomado otros rumbos (sin incluir las de Arvelo, quien tiene una especie de sello en las producciones grandes). Entre esas películas que quiero ver y aún no he podido, están tres de las más conocidas La virgen negra, Macuro y Postales de Leningrado, sobre todo esta última que me atrae mucho por cierta visión del imaginario infantil que sé tiene el guión. Claro, hay otras realizadas de forma más independiente, algunas que ni llegamos a conocer, que podrían ser muy buenas propuestas, como pasa en otros países. Quizá falte es promoción.

 

También me gusta esa comparación literaria para entender por qué siempre he preferido el cortometraje (y el mediometraje) como género, no estando limitado por las presiones comerciales que exige un largo, el corto tiene mayores posibilidades de experimentación estética. Es por ello que suele ser usado como escuela. En las carreras universitarias con temas audiovisuales, nos plantean ejercicios cortos, principalmente por estas razones monetarias, así el estudiante irá aprendiendo a desenvolverse en el desarrollo de un filme para quizás, algún día incorporarse en algún proyecto de magnitud superior en costos. Sin embargo, -en mi opinión y en estos tiempos donde tanta gente quiere ser cineasta para hacer un gran largo-, al igual que el cuento, el cortometraje es un género que excede su aplicación pedagógica, es una categoría que debe seguir desarrollándose en países como Venezuela, donde cada vez más deberíamos tomar conciencia acerca de la creación (todo tipo de creación) con el menor presupuesto posible.

 

En el cine, casi todo está en el guión, en un buen guión, cada vez estoy más segura de eso.

 

Y acá dejo, una de las tantas genialidades en cortometraje que tenemos en Venezuela.

 900 Pánico, realizado por Hernán Jabes, basado en la narración corta del dramaturgo Marcos Purroy. 


P.D. En relación al contenido, cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia.


Primera parte



Segunda parte





Dir.Fotografía: Alexandra Henao
Dir.Arte: Marcelo Pont-Verges
Produccion: Rodolfo Cova
Prod.Campo: Ignacio García
Coord. Prod.: Vanesa Campos
Asist.Dir: Sergio Silva
Edición y cámara: Hernán Jabes
Asist.Cámara: Daniel García
Sonido Directo: Pedro Durán
Postproducción:Juan Carlos Meilán
Diseño de Audio: Jacinto Gonzáles
Música de créditos:Oswaldo Rodríguez

Actuación principal: Ángel Rafael Gil

lunes, 26 de enero de 2009

Y ¿qué es lo que cambia? (Calzadilla)

Foto: Михайлова. Ucrania


¿La realidad? No. Las condiciones para 
                                                       conocerla.
Y en las condiciones está todo, incluso la 
                                                          realidad.
De manera que la realidad es también
condición para que ella misma cambie.

Es cierto que las condiciones ya no son las 
                                                             mismas.
Pero nosotros también hemos cambiado.
Cambiamos para estar de acuerdo con las 
                                                      condiciones.

Todo eso acerca de lo cual uno no sabe
que por ser inminente
es más que una amenaza
y que por no saberlo se presenta
más que como una amenaza
                                         es la realidad.



(Juan Calzadilla, "Notario al Garete".)

jueves, 22 de enero de 2009

sábado, 20 de diciembre de 2008

Jesús de Nazaret* (Rimbaud)

Epifanía, perteneciente a la etapa inicial de El Bosco. S.XV


No sé quién habrá inventado que Jesús nació en el invierno decembrino de Belén (no se sabe realmente la fecha), tampoco sabemos quienes han cambiado e inventado tantas cosas de la historia que terminan en tradiciones -más o menos- disfrutables. Lo cierto es que muchos anticristo al parecer se han retractado en algún momento de sus vidas (entre esos, muy oportunamente Patti Smith y Rimbaud antes de morir, dicen). Y es que ateos o creyentes, cristianos (y los que creen que son cristianos), hinduistas, sintoístas, islamitas, momoyes, judíos o adoradores del sol, el maíz (o el dinero), no podemos borrar ese hito radical de la historicidad. Ese siglo cero que nos incluye a todos (la mayoría ahora estamos en el siglo XXI, aunque a veces creamos que estamos en otro). A mí ya me aburren la teorías "científicamente comprobadas" que intentan negar la existencia -física o metafísica- de ese hombre. Sin embargo, eso no quiere decir que ahora sí me voy a poner muy cursi en estas fechas ni que me empiezan a gustar demasiado las navidades, al menos no todavía.

Es una celebración distinta para todos en nuestras diferencias.
¡Disfruta la tuya!





*Poema de Rimbaud, escrito a sus 15 ó 16 años:


En aquel tiempo Jesús vivía en Nazaret:

Crecía en virtud el niño y también crecía en años.

Una mañana, cuando vio que los tejados se ponían rubes­centes

salió de su cama, mientras todo dormía bajo un pesado so­por,

para que José, al levantarse, encontrara la tarea ya acabada. Volcado sobre el trabajo y con el rostro sereno, tirando y empujando una enorme sierra,

cortaba muchas tablas con sus brazos de niño.

Lejos, sobre los altos montes, el claro sol subía

y sus llamas de plata entraban por las humildes ventanas...

Ya conducen los boyeros los rebaños a los pastos

y admiran, al pasar, al joven artesano y los ruidos del traba­jo matutino.

«¿Quién es este niño?», preguntan.

Su cara expresa una seriedad mezclada de belleza; y la fuer­za nace en sus brazos.

El joven artífice trabaja el cedro con arte, como un vetera­no;

ni los trabajos de Hiram fueron antaño tan grandes, cuan­do, en presencia de Salomón,

con vigoroso y prudente brazo, cortaba los enormes cedros y los maderos del templo.

Sin embargo, su cuerpo se arquea más flexible que una grá­cil caña,

alcanzando su espalda el hacha, cuando la levanta.»

 

Pero su madre, oyendo el rechinar de la hoja de la sierra, ha­bía abandonado el lecho,

y entrando sigilosa y en silencio,

sorprendida ve al niño que se afana y que maneja enormes tablas...

Apretando los labios mira,

y, mientras abraza a su hijo con su mirada serena, por sus trémulos labios se pierden vagos murmurios; Brilla la risa en sus lágrimas...

 

Mas la sierra, de pronto, se rompe, hiriendo los dedos in­cautos

y su cándida túnica se mancha con la sangre purpúrea...

un leve gemido se eleva de su boca.

Pero, al ver de repente a su madre, los dedos enrojecidos es­conde bajo su vestido

y, fingiendo sonreír, la saluda.


La Madre, postrada a rodillas de su hijo,

acaricia, ¡que pena!, con sus dedos los dedos del niño

y besa repetidamente sus tiernas manos, con largos gemi­dos,

bañando su cara con enormes lágrimas.

 

Pero el niño impertérrito dice: «¿Por qué lloras, madre ig­norante?

¿Porque el hiriente filo de la sierra rozó mis dedos?

¡Aún no ha llegado el momento en el que te sea preciso llo­rar!»

 

Y, entonces, reemprende el trabajo:

su madre, silenciosa, vuelve hacia el suelo su rostro lumi­noso, pensando en tantas cosas

y mirando a su hijo con tristes miradas:

«Gran Dios, hágase tu voluntad santa.» 


miércoles, 3 de diciembre de 2008

Patti Smith, "Horses & Hey Joe."

Patti Smith (1946. Chicado E.U.)




Leftfield & Afrika Bambaataa. "Afrika Shox", Chris Cunningham, 1999.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Buscando un símbolo de paz (Charly)

Estás buscando un viejo camisón 
 estás buscando alguna religión  
estás buscando un símbolo de paz.  
Estás buscando un incienso ya  
estás buscando un sueño en el placard.  
Estás buscando un símbolo de paz.  
Y damos vueltas a la heladera y solo queda un limón sin exprimir  
nos divertimos en primavera  y en invierno nos queremos morir.  
Estás buscando un porro de papá 
 estás buscando un saco de mamá 
 porque si nada queda nada da. 
 Estás buscando un incienso ya  
Estás buscando un sueño en el placard 
 estás buscando un símbolo de paz.  
Y damos vuelta a la discoteca  y ya no quedan ganas de sonreir  
nos divertimos en primavera y en invierno nos queremos morir. 
 Será porque nos queremos sentir bien  
que ahora estamos bailando entre la gente será porque nos queremos sentir bien 
que ahora todo suena diferente.  
Y damos vueltas a la heladera y solo queda un limón sin exprimir  
nos divertimos en primavera  y en invierno nos queremos morir.

(Charly García, "Buscando un símbolo de paz")

jueves, 13 de noviembre de 2008

Noche de línea de luz (J. R. Duque)

Extranjero:

Elisa tiene, en la cima de un callejón hasta el ojo de escaleras, ranchos y retorcimientos, su habitación –garita inalcanzable, donde se instala en plan de solitaria espectadora de locuras y avatares nocturnos. El arribo de la oscuridad le depara (le ha deparado desde la niñez) escenas teñidas de un gris extraño, principios y desenlaces de historias instantáneas, sangre y carajazo.

Puño, bofetón y palo

la mayoría de las veces; melodías de amor profano

Analiza el corazón, y date cuenta
que el amor sin verdad
se alimenta con maldad

de cuando en cuando. Porque este lugar, bautizado Camboya en el nombre del ladre, del tiro y del espíritu landro, alcanza para todo acto humano, y desde la ventana de esta jeva que te cuento, la Elisa, no existen espacios secretos.

No es extraño entonces que sepa quién ajustició a Sócrates (maldito pajúo, delator confeso) para luego prenderle fuego al cuerpo inerte en plena escalera (acontecimiento que los periodistas torcieron, retorcieron, voltearon y reinventaron; Fabricio, el autor de la quema de Judas, se revuelca con la hermana de éste mientras Manuel, un pendejo que no sabe ni bola del asunto, paga cárcel en Los Flores por el crimen); es lógico que haya sido testigo del momento en que dos bichos violentaron la frágil parsimonia de Leonor (primera vez que la muchacha regresa al rancho con el aliento a madrugada y vienen esos dos a); es creíble que haya visto al Niño Tomás caer muerto de dos disparos a manos de Fabricio; es caso tolerable que sepa por qué al tipo más buena gente de por estas latitudes, José Gregorio el de Chejendé, lo llaman Caramiá.

Todas las palpitaciones del escenario, diluído en estertores de bombillos decrépitos, le han ido dejando una impronta lacustre en las cavernas de los ojos; la desgarra un escalofrío –chispazo profundo y apetito de mujer– cada vez que se reeditan las veloces cópulas en medio del glacial desamparo de los recodos.


Esta noche, Extranjero, Elisa ha olvidado apagar la luz.
En cualquier momento, de ninguna parte aparece Fabricio. Sube a guardar los gramos que sobran de la jornada: el jibareo es fuerte, los billetes llaman –la mala maña-, el negocio alucina y enriquece. De pronto lo inquieta un fulgor, detalle inusual allí arriba en aquella ventana: frente a la potencia de la luz se descubre –nítida esfinge imprevista– la silueta de Elisa. El hombre esconde los pitillos en una suerte de hábil pero injustificada prestidigitación.

–Cuidado se abre esa boca, muchacha.

La frase suena a desvarío: Elisa apaga la luz con una parsimonia desprovista de interés, y aventura una respuesta igualmente desenfadada.

–Cuánta gente no te habrá visto en ese plan, marico.

Un disparo levanta trozos de madera, cemento y zinc dentro del cuarto. Elisa observa, desde el rincón al que ha saltado para protegerse, una raya luminosa que nace en la parte baja de la pared, atraviesa una silla, alcanza el techo y se pierde en el cielo bullente. Y escucha la voz de Fabricio, justo debajo de la ventana:

–Repito: cuidado con esa boca, puta.

Y aquel callejón, Extranjero, se llena de silencios.



(Primer cuento de la Primera parte del libro Salsa y control (1996), de José Roberto Duque. Escritor, periodista, Venezuela.)