
*La historia de Semana Santa se concentra básicamente en Mateo capítulos 27 y 28. Por si te interesa, el audio en griego aquí.


En aquel tiempo Jesús vivía en Nazaret:
Crecía en virtud el niño y también crecía en años.
Una mañana, cuando vio que los tejados se ponían rubescentes
salió de su cama, mientras todo dormía bajo un pesado sopor,
para que José, al levantarse, encontrara la tarea ya acabada. Volcado sobre el trabajo y con el rostro sereno, tirando y empujando una enorme sierra,
cortaba muchas tablas con sus brazos de niño.
Lejos, sobre los altos montes, el claro sol subía
y sus llamas de plata entraban por las humildes ventanas...
Ya conducen los boyeros los rebaños a los pastos
y admiran, al pasar, al joven artesano y los ruidos del trabajo matutino.
«¿Quién es este niño?», preguntan.
Su cara expresa una seriedad mezclada de belleza; y la fuerza nace en sus brazos.
El joven artífice trabaja el cedro con arte, como un veterano;
ni los trabajos de Hiram fueron antaño tan grandes, cuando, en presencia de Salomón,
con vigoroso y prudente brazo, cortaba los enormes cedros y los maderos del templo.
Sin embargo, su cuerpo se arquea más flexible que una grácil caña,
alcanzando su espalda el hacha, cuando la levanta.»
Pero su madre, oyendo el rechinar de la hoja de la sierra, había abandonado el lecho,
y entrando sigilosa y en silencio,
sorprendida ve al niño que se afana y que maneja enormes tablas...
Apretando los labios mira,
y, mientras abraza a su hijo con su mirada serena, por sus trémulos labios se pierden vagos murmurios; Brilla la risa en sus lágrimas...
Mas la sierra, de pronto, se rompe, hiriendo los dedos incautos
y su cándida túnica se mancha con la sangre purpúrea...
un leve gemido se eleva de su boca.
Pero, al ver de repente a su madre, los dedos enrojecidos esconde bajo su vestido
y, fingiendo sonreír, la saluda.
La Madre, postrada a rodillas de su hijo,
acaricia, ¡que pena!, con sus dedos los dedos del niño
y besa repetidamente sus tiernas manos, con largos gemidos,
bañando su cara con enormes lágrimas.
Pero el niño impertérrito dice: «¿Por qué lloras, madre ignorante?
¿Porque el hiriente filo de la sierra rozó mis dedos?
¡Aún no ha llegado el momento en el que te sea preciso llorar!»
Y, entonces, reemprende el trabajo:
su madre, silenciosa, vuelve hacia el suelo su rostro luminoso, pensando en tantas cosas
y mirando a su hijo con tristes miradas:
"... no veo otra cosa que pueda, al igual que el beso, hacer surgir de lo que creíamos algo con aspecto definido, las cien otras cosas que también es, puesto que cada una existe en relación a una perspectiva no menos legítima."
(Proust, En busca del tiempo perdido, "Del lado de Guermantes". Buenos Aires, Santiago Rueda, 1952).
Miradas de la infancia, tan particulares, ricas en no saber, ricas de extensión, de desierto, grandes por ignorancia, como un río que fluye (el adulto ha vendido la extensión por los hitos en el camino), miradas todavía no atadas, densas de todo aquello que se les escapa, plenas de lo todavía indescifrable. Miradas del extranjero ..
Pasajes de Michaux
“La vida es así, hecha a golpes de pequeñas soledades"
(Barthes. La cámara lúcida)
"La literatura es como una biblioteca infinita de la que cada individuo sólo puede leer unas páginas; pero quizás en esas páginas esté ya lo esencial, quizás la literatura esté repitiendo siempre las mismas cosas con una acentuación, con una modulación ligeramente distinta."
(Borges verbal)
He pensado que algún día me llevarías a un lugar habitado por una araña del tamaño de un hombre y que pasaríamos toda la vida mirándola, aterrados.
Feodor Dostoyevski, Los poseídos
“Somos todos esclavos de nuestro propio personaje, creado primeramente por la familia, segundo por la sociedad y tercero por la cultura. El camino de la transformación es liberarse de la esclavitud. Detrás de mis mil máscaras soy auténtico."
(Alejandro Jodorowsky)
¡El Apocalipsis es ahora!
Los estadounidenses lo saben, que la única esperanza son los platillos voladores, ¿sabes cómo yo veo el mundo? como alguien agonizante. Como un gusano que muere para ser mariposa.
(Alejandro Jodorowsky)
Tú haces el silencio de las lilas que aletean
en mi tragedia del viento en el corazón.
Tú hiciste de mi vida un cuento para niños
en donde naufragios y muertes
son pretextos de ceremonias adorables.
(Alejandra Pizarnik)
“Al final todo está bien y si no lo está, es porque no es el final”.
(Alguien)