sábado, 11 de octubre de 2008

La chica más guapa de la ciudad
 (Bukowski)

Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decían que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.

Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no les sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: "No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro..." Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura.

Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.

Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.

- ¿Tomas algo?
- Claro, ¿Por qué no?

No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.

- ¿Crees que soy bonita?- preguntó.
- Sí, desde luego. Pero hay algo más... algo más que tu apariencia...
- La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?
- Bonita no es la palabra, no te hace justicia.

Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.

Ella me miró y se echó a reír.

- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?

Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.

-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
- ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.
- Será mejor que la controles -me dijo el encargado.
- No te preocupes -dije yo.
- Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que quiera con ella
- No -dije-, a mí me duele.
- ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
- Sí, me duele, de veras.
- De acuerdo, no lo volveré a hacer. Ánimo

Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
- ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
- Por la mañana -dije, y me di la vuelta.

Por la mañana me levanté, hice un par cafés y le llevé uno a la cama.
Se echó a reír.

- Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la noche.
- No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo.
- No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.

Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor... Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.

- Ven, amor.

Fui.

Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.

- ¿Cómo te llamas? -pregunté.
- ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.

Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.

- Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.

Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.

- ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
- Lo sabía.

Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.

Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.

- Esos hijos de puta - decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
- La culpa la tienes tú por aceptar la copa
- Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo.
- A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.

Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.

- Vaya, cabrón, has vuelto.

Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.

- Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza....
- No, no seas tonto, es la moda.
- Estas chiflada.
- Te he echado de menos -dijo
- ¿Hay otro?
- No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
- Sácate esos alfileres.
- No, es la moda.
- Me hace muy desgraciado.
- ¿Estás seguro?
- Sí, mierda, estoy seguro.

Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso.

- Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
- Vale -dije-, tengo mucha suerte.
- No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
- Gracias.

Tomamos otra copa.

- ¿Qué andas haciendo? -preguntó.
- Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
- A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
- No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
- Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso.

Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.

Fuimos a casa y abrir una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa.. de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi... Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.

- Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama
- Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?

La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír:

- Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
- Sí -dije-, no puedo parar de reír... Cass, zorra, te amo... deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.

Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.

Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.

- ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!

Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente "NO". La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.

Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fábrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me vio el encargado.

- Siento lo de tu amiga.
- ¿El qué? -pregunté.
- Lo siento. ¿No lo sabías?
- No
- Suicidio, la enterraron ayer
- ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto?
- La enterraron las hermanas
- ¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
- Se cortó el cuello.
- Ya. Dame otro trago.

Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel "NO". Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿Por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.

Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé "¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!".

Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.



("Polaroid de locura ordinaria" del disco Ey (1988) de Fito Páez, canción inspirada en el cuento "La chica más guapa de la ciudad" de Charles Bukowski)


Otra versión en vivo

domingo, 5 de octubre de 2008

Perfume de cerdo (María Ángeles Octavio)

Fotografía: Chema Madoz (España 1958).


Vivimos por la muerte de otros:
¡Todos somos cementerios!

Leonardo Da vinci



-DESNÚDATE!- dijo Leonardo-. Desnúdate ya- repitió.
En el mercado de Quinta Crespo venden los mejores ingredientes para cocinar. Los más frescos, los más gustosos. La oferta cárnica es maravillosa.
             -Esta noche cocinaré -me dije-. Como el maestro, me gusta hacer platillos como cuadros. Escoger la vajilla, la receta, los ingredientes: por colores, sabores, texturas. Ver morir los animales, observarlos desangrarse bien para que sus carnes queden a punto.
Componer con todo esto un plato, una obra de arte.
             Los cerdos corrían por la porqueriza, se escurrían. Se les resbalaban a las manos que trataban de atraparlos. El chico sudaba. Muerto el puerco, tomé su papada y la puse a hervir por seis horas en caldo de vegetales, mantequilla y tomillo, mucho tomillo. "Este bocado de Formaggela es lo más gustoso del cerdo", le decía Boticelli a Leonardo. Mis fauces se llenaron de vapores al pensar en el instante de la consumación íntima con esta delicia cárnica.
            De pronto olí. Por primera vez olí. Casi no lo creía, nunca alcanzaba a oler y allí, justo al frente se pavoneaba la ilusión aderezada por las flores de las labiadas. Allí, estaba un hombre de piel tentadora, barbas largas, carnes flácidas y rostro anfibio. Era el maestro. Leonardo. Su afilado dedo me hacía señas. Me impelía a aproximarme hasta él. Era como una fuerza magnética.
               -¿No me va a tocar?- pregunté al artista que me miraba.
              Tenía una bata larga de coliflor. Sus sandalias era de jagubo. Me aproximé a su cuerpo. Me amalgamé a él. Me deslizó al oído: "Nada quedará, nada en el aire, nada bajo la tierra, nada en las aguas. Todo será exterminado". Ya yo estaba tendida sobre un plato blanco, me tenía servida a sus pies. 
             Nos miramos y comenzamos a pelar nuestros cuerpos. Las capas que nos cubren no son reacias, se ablandan al hervir en deseo. A trescientos cincuenta grados todo reblandece. El deseo aromatiza hasta las miserias humanas.
           -Desnúdate- dijo Leonardo-, desnúdate ya -repitió.
           -Desnúdate -cantaban las manos que me pelaban-. Dame tus carnes.
             Desnudándome estaba sin pensar en los dientes que se hincarían. Sin avizorar las horas que pasaría acostada sobre unas sábanas empapadas, ornadas con estremoncillo y humores de la India.
            Me había dejado atrapar, el mar me arrobaba, la sal y el agua me erizaban las papilas y hacían que perdiera el rumbo. No tenía fuerzas para escapar. Comencé a disfrutar el perfume que emanaban los sabores. Pasé del frío al calor y del calor al frío. Mi cuerpo estaba entregado al plato.
             Leonardo me acarició morosamente. Yo sentía, pero él no. Me cubrió de aceite de tomillo. Todas mis partes quedaron bañadas de ese veneno de timol. Mi intimidad comenzó a florecer su corola escotada, el labio inferior dividido en tres lóbulos. Cáliz rojizo y aterciopelado. Me bañó con tallos leñosos y grisáceos. Me secó con hojas lanceoladas, enteras, pecioladas, con el envés cubierto de vellosidad, con el contorno girado hacia adentro. En mi interior, la guerra de los jugos.
              Las pupilas del maestro ardían como ascuas. Me calentaron hasta sentir que ya no sentía nada, estaba helada. Entonces oí reír a Da Vinci. Una bandada de passerottos migró al sur. ¿Estaría a las puertas el invierno?
             Su daga se clavó en mi cuerpo sacando la sangre y dejándola correr como coulis sobre un plato de aceite. Dándole un toque vivaz a la composición. A esa catedral de sabores que con fachada de cerdo y mariscos ocultaba el rumor de una mujer exangüe servida sobre un plato.


(Del libro Exceso de equipaje, 2004, María Ángeles Octavio, Comunicadora Social, narradora. Nacida en Caracas, Venezuela 1964.)

viernes, 3 de octubre de 2008

Indecisiones de bolsillo

“Dios ha muerto” reafirma el siglo XXI de nuestra cultura, queriendo enfrentarse a una de las industrias que más se ha enriquecido manoseando formas artificiales de lo divino: la eclesiástica. Sin embargo, a estas alturas la problemática ya no está sólo en reconocer el gran poder económico de la Iglesia (sobre todo de la Católica Romana) como institución de la sociedad, eso es tema viejo; lo que aún no lo es tanto, es plantear bajo la mesa la necesidad de identificar también la contra cara de la industria del “Bien”, la industria del “Mal”.

No hablo de esa dualidad que se nos escapa no sólo debido a que es definida culturalmente y que también pareciera ser parte de lo natural y simbiótico, con un espíritu antagonista existente desde nuestro nacimiento y quizás –no sabemos- desde antes de ese origen consabido, sino de esa industria que se dice radicalmente amoral y que se nos ha impuesto como moda, proponiéndonos estereotipos supuestamente transgresores de lo "bueno" como un slogan más de su mercado. “Lo bueno ya pasó de moda, actualízate” dicta el marionetero del espectáculo. Allí caben todas esas tendencias y productos de consumo para adolescentes y hasta para adultos, eso de lo que muchas veces no logramos huir con la excusa de que no le hacemos daño a nadie o que de todas maneras vamos hacia la destrucción, todo aquello que sutilmente nos vende la “libertad” individual al precio de otras esclavitudes propias.  

Y nosotros, desacralizados pero igual de ingenuos, obtenemos sólo la emancipación de elegir hacia cuál amo estiramos la mano del billete.


"Mira una moderna" 1. Putilatex. (banda española de electro. Parodian la música adolescente y post adolescente con letras de protesta.)

"Mira una moderna" 2. 

"Monja". Putilatex.


domingo, 28 de septiembre de 2008

Father & Daughter (Dudok de Wit)

"Father & Daughter"  es un cortometraje mudo realizado por un holandés llamado Michael Dudok de Wit, director de éstas animaciones donde aparte de dibujar él mismo las acuarelas con técnicas de culturas asiáticas, también participa en todo el proceso de producción hasta llegar al resultado final. 

Me gustan muchas animaciones pero este filme ha llamado mi atención de una manera muy especial. Me pregunto hasta qué punto una mujer realmente puede liberarse de la ausencia de esa figura paternal que ineludiblemente es una mancha certera de por vida. Infinidad de mujeres, situaciones distintas y muchas veces comprendemos, creemos que intelectualizamos y perdonamos, pero siempre queda algún tipo de mella afectiva. 

Aquí está, poesía audiovisual, su duración: 8 min.



domingo, 21 de septiembre de 2008

Medea y Callas, un poco más de tragedia


Maria Callas (1923-1977)


“Quien nació con ojos grandes, nació para la tragedia, ¿cómo puedes no dejar escapar alma con tan amplias ventanas?.”

En una de mis viejas libretas de anotaciones tengo esa cita. Imagino que muy identificada la apunté, pero muy irresponsablemente sin su autor. Al lado dice María Callas, supongo que la leí hace mucho tiempo en algún artículo sobre ella,  la cantante de ópera que más ha llamado mi atención, acercándome bastante en el momento que descubrí que algunas de mis emociones eran tan liosas como ese tipo voces y sobre todo por referencia de otra mujer admirable, Patti Smith, quien afirma en una entrevista que ésta y Mick Jagger son sus  favoritos. 

Aquí no me interesa hablar del cuestionado talento de su actuación vocal y tesitura como soprano, no sólo porque soy una ignorante en el tema académico operístico, sino porque ese asunto excesivamente riguroso y destructivo me repugna bastante en la mayoría de los casos expresivos y creativos, por ejemplo en éste, donde adustos críticos ven tantas desventajas en un virtuosismo defectuoso, mientras que -para mí- la imperfección no es solamente algo muy real sino de mucha virtud, por parecerme humana, visceral, sincera, vital. Quizás sea eso lo que me atrajo de Callas, que yo sin saber casi nada del tema del Bel canto, pues ella - a diferencia de otras- me ha atrapado con su alma, esa que tan fácilmente deja entrever en sus enormes ojos.

También tenía escrita una cita de John Ardoin, quien exalta sobre Callas lo siguiente: "sin embargo, esta extensión vocal no era normal y costaba sacrificios lograr alcanzarla. Las voces de Malibran y de la Pasta y de otras que intentaron imitar sus éxitos, no tenían la igualdad de color ni la homogeneidad tan apreciadas antes en el canto (...) La Pasta se sometía a un curso de estudio vocal severo e intenso para dominar y utilizar su voz. Igualarla era imposible. Había una parte de la escala que difería del resto por su calidad y permanecía hasta el fin "bajo un velo" (...) Siempre había alguna nota fuera de tono, especialmente al principio de sus actuaciones. Sus trémolos amplios y expresivos y sus trinos uniformes y sólidos daban a cada frase un significado totalmente fuera del alcance de otros cantantes más espontáneos.. Poseía en alto grado la cualidad musical más esencial: el sentido de la proporción y de la interpretación justas. No consiste en la mera corrección medida por el metrónomo ni en la facultad artística de crear sin artificios sino en ese sentimiento instintivo de dar la medida justa a cada frase, su fuerza exacta que es algo que no se aprende en las lecciones."  (Las negrillas son mías).

Sin duda tenía sobresalientes capacidades vocales y cualidades escénicas, no en balde se ganó la clasificación de cantante actriz, que para muchos era un mal signo, pero que describió una agraciada pieza de la historia musical histriónica del siglo XX, como lo fue la Callas.

Aquí, en la gran característica histriónica de esta hermosa, es que llega Eurípides y Pasolini. No me suelen gustar las adaptaciones literarias del cine, pero hay unas muy buenas y otras que no desagradan tanto.

Ver una adaptación de Eurípides, siendo mi predilecto de la Tragedia griega, fue raro y la verdad es que si no hubiera sido por Callas, quizás no me hubiera gustado tanto la película, con todo y lo que me gusta Pasolini como cineasta. Pero reconozco que estuvo muy bien hecha y creo que se logró, por tratarse de una obra de ese gran dramaturgo experimentador que -a diferencia de Sófocles y Esquilo-  moldeaba los mitos desde un punto de vista más humano y "realista".  En la película, se añadieron cosas muy ingeniosas, otras, muy lindas. (Por cierto, no quiero ni pensar en una adaptación televisiva actual de esa historia, porque entonces terriblemente se asoman por mi cabeza las telenovelas miameras.)

Creo que si Callas se hubiera dedicado a la actuación cinematográfica, hubiera sido perfecta para el segundo -si se me permite clasificar como "segundo"- neorrealismo italiano, o neorrealismo mágico, ese que fue más intimista y a veces fantástico. La problemática del mundo, las dificultades humanas, sus cambios sentimentales y relaciones, las duras condiciones de la vida de tantos, generan muchas veces personajes claroscuros, altivos pero frágiles emocionalmente, llenos de inseguridades, humillaciones, perversidades, depresiones, locuras, frustraciones. Así son las sufridas historias humanas y los antihéroes tanto de Eurípides como de Pasolini, allí también veo de alguna forma a María Callas, como una asediada antiheroína. Una mujer de carne, hueso y alma. Como una de esas mujeres en las que tanto pensó Eurípides, muy inteligentes y talentosas pero sensiblemente atormentadas, con reacciones que muchas veces no parten de la razón. Todo este detallado caos psicológico de todos esos personajes, se me parece mucho a las reales pasiones humanas cotidianas.

Hay algo, entre otras cosas, de lo que agregó Pasolini a la historia que me gustó mucho. Sabemos que Jasón no traicionó a Medea por falta de amor hacia ella (si es que a eso se le puede llamar amor), sino por ambición, pues casándose con la hija del rey Creonte, obtendría mayor estatus para él, Medea y sus hijos, su familia pues.

Entonces en la tragedia de Eurípides se infiere un Jasón supuestamente enamorado, pero impiadoso, muy materialista y patán; mientras que en el filme hay una bella escena de Jasón rencontrándose después de mucho tiempo con el centauro que le encomendó ir en busca del vellocino de oro. Un diálogo que quizás vindica un poco su sensibilidad y realza este perturbado idilio:


J: - ¡Es una visión!

      C: -  Sí, lo es, eres tú el que la produce. Nosotros dos estamos dentro de ti.

J: - Pero yo conocí un solo centauro..

C: - No, conociste dos: uno sagrado cuando eras niño y uno desconsagrado cuando te convertiste en adulto. Pero lo que es sagrado se conserva junto a su nueva forma desconsagrada. Y henos aquí, uno al lado del otro.

J: - ¿Cuál es la función del centauro que conocí de niño? Y que tú, centauro nuevo, sustituiste sin hacerlo desaparecer?

C: - Él no habla, porque su lógica es tan diferente que no se entendería. Pero puedo hablar yo por él. Es bajo su signo que tú, más allá de tus cálculos, de tus interpretaciones, en realidad amas a Medea.

J: - Yo amo a Medea..

C: - Sí. No sólo eso, también te apiadas de ella y comprendes su catástrofe espiritual, su desorientación de mujer antigua en un mundo que ignora aquello en lo que ella siempre creyó. La pobrecita ha sufrido una conversión a contrapelo y no se ha podido recuperar.

J: - Y para qué me sirve saber todo esto?

C: - Para nada. Es la realidad.

J: - ¿Y tú por qué me lo cuentas?

C: - Porque nada puede impedir al viejo centauro inspirar sentimientos, y a mí, nuevo centauro, expresarlos..

 

(Jasón con sus manos cubre su rostro consternado y se aleja.)




(Maria Callas, ""L'amour est un oiseau rebelle" ("El amor es un ave rebelde") -aria Habanera- 1962.)



lunes, 15 de septiembre de 2008

(y tú, ¿elegiste?)

Fotografía: Elina Brotherus, Finlandia


Lejos de mí en mí existo
La parte de quien soy
La sombra y el movimiento en que consisto.

(Pessoa)



Asimilar esos trastos de no haber escogido ser mujer y muchas circunstancias y debilidades más que odio y amo, me ha hecho cambiar de opinión en muchos aspectos -sobre todo respecto a lo que insistimos en llamar identidad-, desde siempre y para siempre, pero en este momento se me ocurre que también, desde que comencé a existir en este blog.

Me gustan esos cambios de opinión, porque aparte de arruinar cualquier ego -mal hecho- de certezas, me hace sentir fresca, viva, como (en)salada adentro de un mar, revolcándome en la marea o siendo revolcada por ella y, creo que no soy yo y, las algas libidinosas por todas partes.

Todo esto queda también plasmado en la segunda entrada de este espacio, cuando sugerí algún ejercicio multipersona. Quizás debí haberla dejado intacta, como creí culminarla en esa fecha y luego escribir una segunda parte, algo así como una especie de inútil evolución, pero no pude resistir, la edité. Borré lo que ya no me servía y agregué nuevas palabras. Me encanta editar mis textos, mi vida, todo lo edito y lo reedito. Así intento -muy imbécilmente- de continuar conociéndome aunque tenga el recelo de estar sólo frente una ilusión más.


Es así como entretengo a la existencia.
Muñequita amiga, de trapo, muñequita a veces traicionera.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Monólogo de Rabinovich (Les luthiers)

Adoro Les luthiers, pero con este monólogo de Rabinovich -que no había visto- me hice pipí.
(También adoro la puerilidad de la expresión "hacer-me-nos-pipí".)
Soy un poco obsesiva con todas esas "nimiedades" como acentos, comas, puntos..palabras. Migajas de pan (como también les llamo.)




viernes, 5 de septiembre de 2008

Los beneficios de la luna (Baudelaire)

Fotografía: Terri Weifenbach

La luna, que es el capricho mismo, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y se dijo "Esa criatura me agrada".
Y bajó con suavidad por su escala de nubes y pasó silenciosa a través de los vidrios. Se acostó sobre ti con la ternura flexible de una madre, y ardió sus colores sobre tu rostro. Tus pupilas se pusieron verdes, y las mejillas extraordinariamente pálidas. Al contemplar a esta visitante tus ojos se agrandaron extrañamente, y ella te oprimió con tal delicadeza la garganta que te quedó para siempre el deseo de llorar.
Sin embargo, en la expansión de su gozo, la luna poblaba todo el cuarto como atmósfera fosforescente, como veneno fúlgido; y esta vívida luz pensaba y decía: "¡padecerás eternamente el influjo de mi beso. Serás bella a mi manera. Amarás lo que amo y lo que me ama: el agua informe y multiforme; el sitio donde no estés; el amante que no conocerás; las flores monstruosas; los perfumes que provocan delirio; los gatos pasmados sobre los pianos y que gimen como mujeres, con voz ronca y dulce!".
"Y serás amada por mis amantes, cortejada por mis cortesanos. Serás reina de los hombres de ojos verdes a quienes cerré asimismo la garganta con mis caricias nocturnas; de los que aman el mar, el mar vasto, tumultuoso y verde; el agua informe y multiforme, el sitio donde no estés, la mujer que no conocen, las flores fúnebres que se parecen a los incensarios de una religión desconocida, los perfumes que turban la voluntad, y los animales selváticos y voluptuosos que son emblema de su locura".
Y por ello, maldita, querida niña consentida, estoy ahora tendido a tus pies, buscando en tu figura el reflejo de la terrible divinidad, de la fatídica madrina, de la nodriza emponzoñadora de todos los lunáticos.


(Charles Baudelaire).

martes, 2 de septiembre de 2008


"This is not about love
'Cause I am not in love
In fact I cant stop falling out
I miss that stupid ache."

(Fiona Apple)



.

martes, 12 de agosto de 2008

Fotografía: Trevor Traynor



Me dices que el silencio

está más cerca de la paz que los poemas

Pero si te regalara el silencio

(porque yo sé lo que es el silencio)

me lo devolverías diciendo:

Esto no es el silencio,

es otro poema.


(Leonard Cohen)

domingo, 3 de agosto de 2008

 Estamos de vacaciones 







The she.

Ripped off

You smoked the Bible
Rolled it up
Your last breath
Hot on my back
You get started
Try to get somewhere
You move so slow
You're not even here

Dear traveller

It's my death
My rhythm
My arithmetic
I got used to
Nobody ridin in the back

Sorrow blowin through the veins
I'm over Houston
You're over the night we met

Dear traveller

The she
Scared electricity
Where no human
Carries a map
You say you gotta burn to shine
But every prism unwinds
A road to ruin
And this tickets mine

Dear traveller