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lunes, 15 de septiembre de 2008

(y tú, ¿elegiste?)

Fotografía: Elina Brotherus, Finlandia


Lejos de mí en mí existo
La parte de quien soy
La sombra y el movimiento en que consisto.

(Pessoa)



Asimilar esos trastos de no haber escogido ser mujer y muchas circunstancias y debilidades más que odio y amo, me ha hecho cambiar de opinión en muchos aspectos -sobre todo respecto a lo que insistimos en llamar identidad-, desde siempre y para siempre, pero en este momento se me ocurre que también, desde que comencé a existir en este blog.

Me gustan esos cambios de opinión, porque aparte de arruinar cualquier ego -mal hecho- de certezas, me hace sentir fresca, viva, como (en)salada adentro de un mar, revolcándome en la marea o siendo revolcada por ella y, creo que no soy yo y, las algas libidinosas por todas partes.

Todo esto queda también plasmado en la segunda entrada de este espacio, cuando sugerí algún ejercicio multipersona. Quizás debí haberla dejado intacta, como creí culminarla en esa fecha y luego escribir una segunda parte, algo así como una especie de inútil evolución, pero no pude resistir, la edité. Borré lo que ya no me servía y agregué nuevas palabras. Me encanta editar mis textos, mi vida, todo lo edito y lo reedito. Así intento -muy imbécilmente- de continuar conociéndome aunque tenga el recelo de estar sólo frente una ilusión más.


Es así como entretengo a la existencia.
Muñequita amiga, de trapo, muñequita a veces traicionera.

domingo, 6 de julio de 2008

Teardrop. Portishead

A veces hay canciones que nos persiguen durante días y se convierten en el soundtrack de ciertas imágenes y secuencias construidas extrañamente a nosotros, como si otros fueran los que así lo deciden. Todo un complot musical.

Y la canción ya nunca vuelve a ser la misma que escuchabas antes.

Y a veces la vida es bonita -rara, muy rara, pero bonita- y no queremos escuchar lo contrario -ni de mucho conflicto- porque nos aburre, nos agrede, nos vuelve a aburrir y nos parece más de lo mismo. Más de nosotros mismos. Entonces nos (me) apetece lo sencillo. Lo más simple y sencillo, o en todo caso, lo que parece serlo. Quizás soy ridícula porque de vez en cuando me da por anhelar lo "bello", una vida con paz. Rechazar un poco realidades opuestas. No por miedo a la muerte. Quizás para sobrevivir, para vivir.

He estado más migratoria que de costumbre, pero espero estar por acá pronto.

(Me hace falta ojearte, ojear tu blog.)


martes, 5 de febrero de 2008

Lo Real Vs. la realidad: Persona (Bergman)


Fotograma de la película "Persona, escrita y dirigida por Ingmar Bergman.


No puedo decir que "Persona" (del cineasta Ingmar Bergman) es mi película favorita, pues sería una apreciación ligera y banal. Tengo muchas películas favoritas.

"Persona" es la película -o una de las películas- que más significación ha tenido para mi, de una manera muy íntima. Un álgido túnel blanco y negro lleno de espejos secretos. Una muerte por mil nacimientos.

Hoy, leyendo algunas cosas, supe algo que me causó mucha complicidad y agrado en estos momentos de mi vida. Bergman escribió el guión del filme mientras se encontraba en reposo por motivos de estrés, al igual que Elisabet, nombre que le dio a la protagonista de su historia, una actriz de teatro quien al estar representando el papel de Electra en las tablas, súbitamente quedó en silencio en pleno escenerio, mirando a su alrededor con sorpresa, calló por un rato y luego se atacó de risa. A partir de allí, no volvió a hablar durante 3 meses, cuando la trasladaron al hospital, aplicándosele exámenes y pruebas médicas cuyos resultados indicaron que ella estaba totalmente sana -física y psíquicamente- , además, aseguraron que no se trataba de alguna reacción histérica.

Ella simplemente no quería hablar, ni contar nada. Fue su decisión.
¿Cómo o por qué habrían de presionarla u obligarla a hacerlo?. Ella no quiere hablar. La comunicación voluntaria o forzada que pretende explicar las confidencias, no logra ser destructora total de límites indecibles, es sólo parte de la lógica teatral.

Saudade ausencia.
Que no quiere hablar.

A partir de allí conoce a Alma, una enfermera de 25 años la cual está encargada de cuidar a Elisabet durante su recuperación y quien duda de su propia experiencia y preparación para soportar tal misión. Alma sabe que si Elisabet no habla, es porque así lo ha decidido, observando en ese hecho un acto de gran fuerza mental por parte de la paciente, con la cual ella no se identifica por no sentirse a su nivel.

Así comienza la trama en una casa costera, un paseo ontológico donde la luz y la oscuridad no sólo se presentan de manera directa en el arte de la fotografía, sino de manera simbólica en el contenido; al igual que la vida y la muerte, la apariencia versus lo real.

También se perciben elementos antagónicos como unicidad-dualidad, mismidad-otredad, silencio-ruido, vagina-falo, tranquilidad-aturdimiento, niñez-adultez, miedo-fortaleza, femenino-masculino, tristeza-alegría, egoísmo-solidaridad, vanidad-humildad, en un juego de sensaciones múltiples e inconstantes.

El comienzo de ritmo frenético, contrasta con la dilación del desarrollo de la película que lejos de agotar el interés, lo sumerge en otras dimensiones del pensamiento.

La mejor película del sueco Bergman que he visto hasta ahora.
Un cuerpo y un Alma.
Alma, motor del cuerpo, hálito vital.
Una crisis de simbiosis maldita.
El Todo, la Nada.
Gris y viceversa.

Hay un monólogo en la primera parte, donde la doctora que coordina el hospital se comunica con Elisabet, con el cual -personalmente- pienso que se le otorga sentido a la película, es el diálogo esencial. Me refiero a un diálogo la segunda vez, porque aunque técnicamente fue un monólogo y la única voz enunciada fue la de la doctora, creo que Elisabet supo captar y responder de alguna forma.

Ese monólogo es puro psicoanálisis poético, o ¿poesía psicoanalítica?. Sus palabras:

"-He estado pensando, Elisabet, y no creo que debas seguir en el hospital. Creo que es perjudicial. Como no quieres volver a casa, tú y la hermana Alma pueden ir a mi casa en la costa, ¿si?.
¿Crees que no lo entiendo?
El sueño imposible de ser. No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento. Vigilante.
Al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma.
El sentimiento de vértigo y el deseo constante de al menos, estar expuesta, de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada.
Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca.
¿Suicidarse? ¡Oh, no!, eso es horrible. Tú no harías eso.
Pero puedes quedarte inmóvil.. y en silencio. Por lo menos así no mientes.
Puedes encerrarte en ti misma, aislarte. Así no tendrás que desempeñar roles, ni poner caras, ni falsos gestos.
Piensas.
Pero .. ¿ves?, la realidad es atravesada. Tu escondite no es hermético. La vida se cuela por todas partes. Estás obligada a reaccionar. Nadie pregunta si es real o irreal, si tú eres verdadera o falsa. La pregunta sólo importa en el teatro. Y casi ni siquiera allí.
Te entiendo, Elisabet.
Entiendo que estés en silencio, que estés inmóvil. Que hayas situado esta falta de voluntad en un sistema fantástico. Te entiendo y te admiro.
Creo que deberías de mantener este papel hasta que se agote, hasta que te deje de ser interesante. Entonces podrás dejarlo. Igual que poco a poco fuiste dejando los demás papeles."

"Persona", guión y dirección: Ingmar Bergman
Fotografía: Sven Nykvist.
Reparto: Liv Ullmann, Bibi Andersson.
Suecia, 1966.


domingo, 3 de febrero de 2008

Pessoa (Persona)

Fernando Pessoa 1988-1935. Portugal



Guardo todavía, como un pasmo
En que la infancia sobrevive
La mitad del entusiasmo
Que tengo porque ya tuve.
Casi a veces me avergüenzo
De creer tanto en que no creo.
Es una especie de sueño
Con la realidad en medio.
Girasol del falso agrado
En torno del centro mudo
Habla, amarillo, pasmado
Del negro centro que es todo.

(Pessoa. 1931. Del libro de los poemas inéditos. Versión del portugués de Teódulo López Meléndez. Ed. Fundarte p.81)


Por distintas razones -deseo, necesidad o condición laboral-, en algunas ocasiones he escrito o publicado (publicaciones periódicas menores) bajo diferentes firmas. Muy pocas veces ha sido para esconder alguna única identidad que tenemos la ilusión de poseer (o que ella nos posee a nosotros), impuesta por otros y afianzada desde que nacemos y recibimos un nombre específico, hasta la manera en que adoptamos un rol dentro de la estructura social, de relaciones y quizás, de sobrevivencia colectiva.

En toda esa fuerza del imaginario cotidiano, ese gran teatro (con esto recuerdo a Jean Duvignaud en su libro Espectáculo y sociedad), llegamos realmente a creer que tenemos una personalidad definidamente inmutable, un Yo con determinadas características limitadas que se van forjando más por el hábito interactivo y la mirada del otro que por la propia esencia. Eres Teresa, buena mujer, te comportas así y les gustas a los demás, no cambies porque si no todo fue falso. Tú, sabes que desde pequeña has sido mala Inés, sigue desarrollando tus actitudes, tu manera de vestir, no pierdas tu personalidad, no hay nada qué hacer, eres así. No te reconozco, no sé que te ocurre Felipe, esos no son tus gustos, no eres así. Ha sido tan arraigada esa creencia dualista que socialmente se juzga a la persona que fluctúa en pensamientos o comportamientos.

Es obvio que para que funcione el mundo, debemos erigir coherencia entre los pensamientos y los actos, sin embargo, esa necesidad no nos otorga una identidad, sólo nos la plantea, nos la presta.

Existimos sólo en proceso, definitivamente cambiamos sin stop.

Al parecer, hay algo único, inasible y perdurable en cada uno de nosotros, al menos eso me dice mi dolor y mi Dios (o dios, como prefieras, sólo hablo de aquello metafísico -o invisible, como quieras- que -ajeno a mi voluntad- escogió la tierra como mi casa y mi cuerpo humano de ventana; Todo eso que no recuerdo haber elegido), que también podría estar relacionado con el destino cultural que nos tocó y las experiencias individuales , pero eso quizás sólo sea un pequeño fulgor inalterable dentro de toda una galaxia de destellos informes e inconstantes en una gran tiniebla. Entonces, podría decir que, much@s son las que coexisten en mí, conmigo. Y nuev@s vendrán.
Lo que facilita las cosas, pero lo complejo, a veces, es la convivencia entre tod@s.

Para el que no lo entiende y desconoce esa oportunidad, todo esto puede parecer una idea descabellada, una locura.
Para los que sí lo entendemos y lo vivimos, negarlo es un estado de letargo, una ceguera creada, una locura.

Entonces, de alguna forma podría decirse que todos estamos locos, aunque con esa resolución fallemos al referente diferencial, ergo a la lucidez. Quemada que es mitigada por la seguridad de intuir o conocer que cada quien opina distinto respecto a la locura.

Algún día, inquieta por la multiplicidad manifestada en mis conductas, pensamientos contradictorios o diferentes estados de ánimo.. y firmas, me encontré buscando significados de seudónimos, alias, heterónimos, apodos y cualquier información que pudiera otorgarle legitimidad a tal variación.

No sé cuándo ni cómo, pero -más o menos- así hallé a uno de mis poetas favoritos: Fernando Pessoa, de quien emergieron heterónimos como Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro Campos -con perfiles independientes entre ellos- y otros no tan individualizados como Pedro Botelho, Bernardo Soares, Antonio Mora, Alexander Search, Frederico Reis -hermano de Ricardo Reis-, Vicente Guedez y quién sabe cuántos personajes más. Unos de ellos escriben poesía, otros filosofan y algunos critican a los demás. Un juego, un ejercicio maravilloso.

No es una invitación autoayudezca, por el contrario, es probable que si te inclinas por esta multi-posibilidad, te confundas en un laberinto sin salida o caigas en un pozo oscuro sin fondo, sin embargo, es (im)posible lograr la conciliación y si lo logras, te acercarás más a lo real, pues quizás tenga menos sentido el hecho de negar el desbordamiento de tales voces.

¡Saludos a tus tús!